La depresión pareciese ser un problema emocional de la época actual, agudizado cada día más, distribuido en todos los sectores y en todas las edades, y además, con múltiples justificantes. Se manifiesta en formas diferentes, desde: desilusión, pensamiento de soledad y abandono, melancolía, nostalgia del pasado, abandono personal, pérdida de valores, separación, pensamiento de que nadie nos ama y lo que es peor, que nadie quiere recibir nuestro amor, baja autoestima, desolación, auto maltrato, inmovilidad, enfermedades.
La depresión la hemos justificado en nuestra mente cuando nos quedamos viendo eventos externos o situaciones físicas y biológicas como fuente de su procedencia: enfermedad, pérdida de un ser querido, abandono emocional, desilusión con respecto a la familia, el matrimonio y las relaciones en general, pérdida de trabajo, pérdida económica, procesos de menopausia y climaterio, etc. Sin embargo, de lo que lo que no nos damos cuenta es que la depresión es una forma de manipulación, de hacer que alguien se sienta culpable de nuestro dolor, y lo más importante, que esta depresión está siempre relacionada con eventos del pasado.
Son verdaderamente estados de ánimo sombríos, es una total sensación de verse, como lo plantea San Juan de la Cruz, “en medio de la noche obscura del alma”. Son pensamientos y sentimientos que siempre emergen de un estado anímico que, si lo suprimimos, podemos anular en nuestra mente estas ideas de desolación y abandono. Sin embargo sobre la depresión también tenemos algunas buenas noticias, y es que si sabemos utilizarla, si aprendemos a observarla, puede ser un canal tan importante para nuestro crecimiento espiritual como pueden serlo todas las expresiones de amor.
Si bien no es fácil lograr salir de la depresión y utilizarla a favor nuestro, sí podemos hacerlo. Requiere que decidamos reconectarnos con la parte que no hemos visto, la más valiosa e importante de nosotros: nuestro espíritu, lo que realmente somos. Desde este antecedente, es total responsabilidad y decisión personal el vivir o no vivir estados depresivos. Es la aceptación honesta de que en algún momento de nuestras vidas hemos tomado decisiones equivocadas, pero es también la gran oportunidad de volver a observar y darnos cuenta que podemos cambiar éstas, que podemos volver a elegir, que tenemos la oportunidad en el presente de una nueva elección que nos genere un nuevo pensamiento de vida mas feliz y en paz.
Durante el proceso depresivo no podemos observar que es más fácil rendirse y vivir en paz y felicidad, que querer tener la razón. Cuando aquí digo “tener la razón” a lo que me refiero es que en ocasiones en lugar de escuchar, nos cerramos, no queremos saber nada y nos encajonamos en nuestra depresión y sin darnos cuenta de esto, lo que hacemos es insistir en justificar nuestro dolor, nuestra pena, nuestro sentir de abandono y desolación.
En cambio, cuando esta depresión la usamos para hacernos replanteamientos sobre cada uno de nuestros pensamientos y decisiones del pasado, y descubrir las causas internas que la han originado, descubrir lo que nosotros mismos nos hemos negado, observar por qué no podemos amarnos y valorarnos sin estar pendientes de lo que los demás nos ofrecen, por qué el respeto hacia uno mismo no está presente y desnudar nuestra mente en forma honesta y responsable, entonces es aquí que podemos ver la depresión como un mecanismo, como una verdadera herramienta para nuestro crecimiento.
Cuando transformamos nuestra visión podemos abrirnos a un amor sin expectativas ni demandas, amor incondicional, recordando que éste no implica aceptar conductas dañinas. Es cuando respetamos nuestra libertad de elegir y respetamos a la otra parte tal como es, sin desear modificarla. Encontrar este punto de unión requiere que con total honestidad nos observemos, sin enjuiciarnos, con compasión y paciencia, y encontremos la causa de nuestro sentimiento de separación, de soledad y ausencia del amor en nuestra vida. En este punto los eventos externos dejan de quitarnos nuestra paz interior y nos damos cuenta que nunca hemos estado solos, que el Padre vive dentro de nosotros, y que ya nos ha dado todo para ser felices y vivir en amor.